Mishita

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La coquera… del machismo y los derechos de los niños…

Las mujeres en El salvador, en muchas zonas muy pobres siguen siendo y manteniendo ese patrón machista… que parece un circulo vicioso…

ME dijo que se llamaba Joaquina… que tenía 25 años -aún cuando pensé que superaba los 45- que la niña que cargaba en sus brazos era su tercer hija pero la única que estaba con ella en estos momentos, los otros los tenían sus abuelos, y que pronto tendría un nuevo hijo.

Comencé a hacerle la serie de preguntas que tenía en mi encuesta. Al igual que las otras 8 mujeres que había entrevistado antes, no sabía leer, nunca fue a la escuela, era ama de casa y su estado civil era “acompañada”. No conocía la defensoría para la niñez y la adolescencia, y tenia muy poco conocimiento sobre las violaciones a los derechos de los niños.

“es que mire, aquí pasan las cosas y uno es mejor quedarse callado, ud sabe verdad!” - me dijo como intentando buscar confianza en mí. “¿ha escuchado de algún caso dentro de la comunidad en el que se de una violación a los derechos del niño?”- le pregunté.
Ella asintió y me dijo, “Yo, cuando estaba chiquita, mi abuelo me quería hacer mujer, y yo me le corría cada vez que el lo intentaba. Hasta que un día vino mi tio y me agarró por la fuerza, y desde entonces soy mujer, ya sabe?… yo no quería señorita. Pero uno qué puede hacer?”

Cuando tenía 13 años comencé a prostituirme, mi abuelo me comenzó a insistir en que me acostara con él. Yo le dije, con el respeto de uste, me dijo, Yo soy puta de la calle pero no de la casa, ud es mi abuelo y respeto a mi abuela.

A los 14 años quedé embarazada de mi niña. Ese señor entró una noche cuando mi niña dormía y me agarró a la fuerza. Cuando le dije a mi abuela me echó de la casa. Llegó la policía y me quitaron a mi niña, me dijeron que era una mala mujer y que no merecía criar a mi hija. Me la quitaron y la dejaron al cuidado de mis abuelos. He intentado que me la devuelvan pero siempre me echán a la policía. A mi me da miedo que el señor ese le haga algo porque la dejan sola con él.

Anduve en la calle mucho tiempo. Tuve otro hijo pero me lo robaron. Hasta que conocí a mi compañero de vida. Él me trajo a vivir acá, pero es bien difícil mi todo esto. Si sigo aquí es por mis dos niños. Pero sí, como le digo, nunca hacen nada… uno sale perdiendo siempre…

Mantuve silencio durante todo su relato. Aún cuando estaba consciente de lo que podía encontrarme, y que esta es la realidad nacional, no dejó de entristecerme. El machismo está tan presente en esa comunidad, La cocotera, Acajutla, que solo es una muestra de muchas en latinoamerica. Las comunidades olvidadas, las que son muy convenientes para los políticos y a las que solo se acercan en los momentos de las elecciones, a regalar, vasos plásticos y camisas.

En el resultado de las encuestas fue, la mayoría de mujeres no saben leer ni escribir, contrario con los resultados de los hombres. Se desconocen el derecho al nombre, a la educación, a la seguridad, entre otros. Pero cómo se harán cumplir sí las autoridades no hacen nada?, si son las mismas autoridades las que no les interesa una población consciente. Que gasta mucho de su presupuesto en mensajes mediaticos, que por cierto pocas de esas comunidades olvidadas llegaran a ver, por que en la mayoría de hogares no tienen televisión, ni radio.

Se aproximan las elecciones presidenciales… ellos volverán a escuchar promesas, de las que se quejaron con nosotros, y esperaran que algún momento sean reconocidos como ciudadanos, no solo en periodos electorales.

1989…

Faltaban a penas seis meses para que se firmaran los acuerdos de paz en El Salvador. El Capitán Rodríguez regresaba del cuartel de Zacatecoluca. No vestía su traje de militar. Su visita al cuartel se limitaba a retirar sus cosas de las instalaciones porque lo trasladarían a una nueva asignación el estado mayor.

 

Transitaba por la autopista a Comalapa. Es muy posible que mientras manejaba su Toyota Starlet 89, pensara en que finalmente podría disfrutar su tiempo en compañía de su familia y quizás celebrar, como se debía, el cumpleaños de su hija con la piñata que le había prometido.

 

El aire se sacudió y lo siguió un momento de mucho estruendo, el sonido de la muerte, de la emboscada, de metralletas y finalmente la oscuridad y el silencio.

 

Más de 100 balas habían impactado y casi desecho la parte delantera del carro. La autopsia revelaba que su muerte había sido por desangramiento, 42 balas se habían incrustado de una forma letal por todo su cuerpo, exceptuando su cabeza y cara.
A pesar que los medios y El diario de hoy dio su encabezado como “Muere Coronel a manos del FMLN”, la propia familia duda que así lo haya sido. Están bastante seguros que fue asesinado por la misma fuerza armada. Durante la guerra de El Salvador la muerte era como la rueda de la fortuna, no sabías cuando te tocaría a ti. Ni pensar que los asesinatos que se daban en ese tiempo se investigarían. Se tomaban como frutos de formar parte de un bando. Por lo general si alguien moría se decía que habia muerto por guerrillero o comunista. O cómo en este caso, a manos de los rojos. Cómo se cubría el gobierno y la fuerza armada bajo esa cortina de humo.

 

En El Salvador siempre nos hemos preocupado por la violencia. La muerte por violencia es una latente constante. No se sabe cuando o como podría venir un golpe. ¿Qué tanto nos hemos acostumbrado los salvadoreños a esta “constante”? ¿Por qué se nos ha hecho tan normal hablar de la muerte de alguien o el asalto a un conocido? El rating de 4 visión confirma que muchos de nosotros disfrutamos de las imágenes crudas y sensacionalistas relacionadas con la muerte no natural. ¿Es la generación que nació en los ochenta una generación acostumbrada a la violencia?

 

Tenía aproximadamente 18 años cuando el papá de Ariel Rodríguez decidió hacerse militar. Su abuela renegó mucho la partida de su hijo menor a la Escuela militar. Y su preocupación no era en vano, la agitación popular anunciaba una guerra civil a gritos.

 

Pero la pasión del padre de Ariel por la carrera castrense iba mas allá de los miedos a la guerra, o las penurias por las que podría pasar en momentos de operativos, estos no eran fáciles, incluían un desgaste emocional además de físico que se justificaba mediante una de las 000afirmaciones000 que más repiten los militares… Hay que proteger la Soberanía nacional.

 

Alejandra, su hija que es quién me cuenta su historia, me comenta de cómo se repartieron las condecoraciones, medallas y trofeos que su padre gano en la época de la guerra evoca momentos de gloria. Premios a la tenacidad, esmero y lealtad al servicio de la fuerza armada que también recuerdan una época de sufrimiento, que solo la pasión por la profesión es capaz de mantenerlo fuerte y constante.

 

Un trofeo con un soldado levantando un arma reconoce al Capitán Rodríguez del batallón Atlacatl por su contribución, durante sus nueve años de servicio en infantería, a la detención del comunismo en el país. El mismo batallón Atlacatl que fue el culpable, según la comisión de la verdad, de la masacre del Mozote a finales de 1981. La mayoría de la población del Mozote, alrededor de 500 habitantes, falleció en dicho operativo de “limpieza a poblaciones comunistas”.

 

Ariel, hermano de Alejandra, a sus 21 años sabe que su papá perteneció a uno de los Batallones más sanguinarios y temidos de esa época, pero se rehúsa a verlo como un asesino. Era y seguirá siendo su padre, que durante sus licencias jugaba pelota con él, consentía a su hermana menor y dejo los mejores recuerdos de su infancia. Piensa y justifica que el Capitán Rodríguez simplemente tuvo que seguir órdenes de sus superiores.

 

El batallón Atlacatl era considerado como uno de los más especializados y sanguinarios a principios de los años ochenta. Considerado como la elite de los batallones, solo los militares destacados y disciplinados eran enviados a este batallón dirigido por el Coronel Domingo Monterrosa.

 

En la pared del cuarto de Ariel y su hermano están, también, los diplomas de participación de entrenamientos de la Escuela de las Américas, entrenamiento que Gobierno Estadounidense daba a este batallón. Estos entrenamientos eran muy extremos. El Capitán Rodríguez pasó días sin regresar a su casa, comió todo lo que pudiese o no pudiese comerse, le enseñaron a no tener escrúpulos a la hora de matar, lo desensibililazaron, le enseñaron formas de torturas y lo drogaron a la hora de cometer algunos asesinatos.

 

Es curioso que en El Salvador muchos de nosotros sintamos a la violencia parte del día a día. Después de los acuerdos de paz, el informe de la comisión de la verdad arrojó datos que si bien para muchos eran secretos a voces, terminó siendo la manera en que los salvadoreños reconfirmaron la violencia que sufrieron de parte de ambos bandos. El peligro de la guerra civil no solo venía de la Guerrilla, los secuestros o ataques estratégicos que el Frente realizaba. Sino, también, del gobierno de El Salvador que en muchos casos hacía uso del factor guerra para poder “desaparecer” a personas que no era nada convenientes o resultaban incomodas para esa época del país.

 

Despertó de golpe estaba empapado en sudor helado, lloraba desconsolado y temblaba. Su esposa trataba de reanimarlo y confortarlo, lo abrazó y le dijo que ya estaba en casa, que se tranquilizara. Si bien la droga que le habían dado en aquel operativo le había mitigado los escrúpulos, no era suficiente como para callar la conciencia y dejar de ver en sus sueños las imágenes de las caras de los niños ensangrentados y moribundos que habían pagado con su vida la equivocación de nacer en tiempos de guerra civil.

 

Poco ha cambiado la preocupación de los salvadoreños en el 2007. La violencia sigue siendo uno de las problemáticas que más nos preocupan. Ariel desea saber quién fue el responsable de la muerte de su padre y pensando constantemente en cuanto quisiera que él estuviera vivo. El otro año planea ingresar a la escuela militar y solo el sabe cuanto desearía poder tener la aprobación de su papá.

Se aprobó el fideicomiso.

Hace algunos años cuando el presidente Saca asumio su cargo, en su plataforma politica nombraba muchas propuestas para solucionar los problemas sociales. Para mi sus propuestas podían ser buenas aunque un tanto soñadoras. Siempre recordaré la frase: “Las mujeres ya no estarán solas”

Ayer en la noche mientras veíamos con mi mamá la transmisión de la plenaria regular de los jueves, se discutía acerca de la aprobación del fideicomiso. Diputados de derecha, izquierda, y centro dieron su opinión acerca de porque era bueno o no que este se aprobara.


Este fideicomiso fue propuesto por el presidente Saca, el primero de Junio en el que celebro sus 3 años de presidencia, para financia los proyectos dichos en su plataforma política y que el “partido de izquierda ha estado bloqueando sistemáticamente en sus tres años de gobierno” (me molesta mucho cuando se polarizan en buenos y malos).

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